TERMINÓ EL SÍNODO Y AHORA ¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Nota de redacción: En este mes de octubre en Roma, nuestro Obispo de Chiclayo ha participado como Padre Sinodal, en el Sínodo de la Sinodalidad. Tarea importante en la Iglesia universal que el Papa Francisco viene promoviendo, a fin de construir una Iglesia de comunión, participación y misión.
Trabajo arduo, en el que ha participado como Relator, y lo ha cumplido a cabalidad. En este mes, la Diócesis se ha hecho presente en Roma, con el doble regalo que Monseñor Edinson le ha entregado al Papa Francisco de la “Santísima Cruz de Chalpón” de Motupe y el “Señor del Costado” de Santa Cruz; signos relevantes de nuestra religiosidad popular, a los que el Papa Francisco se refirió con gratitud y cariño, en su visita al Perú el año 2018.
Al término del Sínodo, el Padre Sinodal Mons. Edinson Farfán, nos ayuda a reflexionar sobre este evento mundial, y la forma cómo debemos de actuar, para aplicarlo en nuestra vida diaria.
Desde octubre de 2021 con la Misa de apertura el Papa Francisco sucesor de Pedro dio inicio al Sínodo de la Sinodalidad cuyo tema fue: “Por Una Iglesia Sinodal de Comunión Participación y Misión”, hubo un proceso de escucha diocesano, continental y universal, el Santo Pueblo de Dios pudo dialogar y expresar bajo la luz del Espíritu Santo cómo se siente, manifestando, de manera especial los laicos que, era la primera vez que se les tiene en cuenta en el discernimiento de la Iglesia, se pudo responder a la pregunta ¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión? Ha sido un proceso que ha durado tres años en dos sesiones, la primera fue en octubre de 2023 y la segunda en octubre de 2024.La sinodalidad ha permitido que podamos hacer un camino de discernimiento juntos, cuyo protagonista es el Espíritu Santo, gracias a su ayuda se ha podido lograr la armonía en las diferencias y a no perder el horizonte de la misión “que es anunciar el reino de Dios, ofreciendo a toda persona, sin excluir a nadie, la misericordia y el amor del Padre” (Documento Final 140).
Como delegado sinodal, puedo afirmar con esperanza que en todas las aportaciones e intervenciones de la Asamblea he sido fiel al discernimiento que expresó previamente el Santo Pueblo de Dios en los encuentros sinodales con obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, he podido expresar no mis propias ideas sino lo que pude escuchar en un clima de oración, encuentro, silencio, diálogo y escucha.
Es gratificante hablar en nombre de un pueblo que confía en tu voz, gracias Iglesia Pueblo de Dios en Perú, en América Latina y el Caribe por confiar en este servidor, cómo no recordar las Asambleas Continentales y del Episcopado Peruano, los retiros espirituales y encuentros para sacerdotes y religiosas, la semanas y encuentros teológicos, las asambleas diocesanas sinodales en las iglesias particulares, los encuentros y talleres sinodales para profesores de religión, encuentros con comunidades autóctonas y originarias, catequistas, jóvenes, comunicadores, movimientos eclesiales, vida consagrada, seminaristas y formadores, cómo no dar gracias a Dios por la Asamblea sinodal eclesial diocesana en mi amada diócesis de Chiclayo y en la Prelatura de Chuquibambilla, sin duda una bella expresión de la sinodalidad, cada quien aportó una riqueza donde se puede apreciar la armonía en las diferencias para construir una Iglesia sinodal misionera que acoge a todos, porque la Iglesia es madre y siempre está con los brazos abiertos para acoger a sus hijos.
En las dos sesiones se puso en práctica la metodología del conversatorio en el Espíritu, un método adecuado para el discernimiento. Tanto en la primera como en la segunda sesión del Sínodo tuve la oportunidad de ser secretario y relator de los círculos menores, un trabajo arduo de gran responsabilidad que requería de la fineza del oído para recoger las ideas principales del grupo.
Se ha trabajado un documento final fruto de los tres años y puedo afirmar que el Espíritu Santo ha sido una luz para seguir profundizando, fueron muchas horas de diálogo y escucha para conocer el sentir de la universalidad de la Iglesia.
El Santo Padre ha manifestado en su discurso de clausura después de la votación y aprobación que no habrá publicación de una Exhortación Apostólica Post Sinodal, este documento final será utilizado para continuar con el discernimiento en las Iglesias particulares, conferencias episcopales nacionales y continentales, es fruto de una reflexión de tres años, donde se podrá encontrar los fundamentos teológicos y propuestas para esta Iglesia del Tercer Milenio. Gracias a los teólogos, canonistas, maestros de espiritualidad, padres y madres sinodales que han iluminado el trabajo de este camino sinodal.
En el documento podremos apreciar los fundamentos teológicos, canónicos y espirituales en fidelidad a las Sagradas Escrituras, la Tradición, el Magisterio y el Sensus Fidei. El fundamento de la sinodalidad es la Comunión Trinitaria que nos inserta y da la identidad a través del Sacramento del Bautismo incorporándonos a la vida de la Iglesia. “El bautismo es el fundamento de la vida cristiana, porque introduce a todos en el don más grande: ser hijos de Dios, es decir, partícipes de la relación de Jesús con el Padre en el Espíritu” (Documento Final 21).
Somos conscientes de la formación en la Iniciación Cristiana, el valor de Eucaristía como fuente y culmen de toda la vida cristiana, el cuidado de la familia, la necesidad de una espiritualidad de la escucha, el rol de la mujer en la Iglesia, el discernimiento, la conversión personal y pastoral, la corresponsabilidad y el discernimiento de los carismas y ministerios, sin embargo, todo esto debe llevarnos a tocar la vida, cuidado con la formación teórica y nos haga olvidar la caridad con los pobres y marginados de la sociedad, cuidado con que la imagen del reino de Dios sólo quede en mera teoría y en reflexiones teológicas de escritorio. Las palabras del Papa Francisco en su homilía de clausura del Sínodo son iluminadoras: "No una Iglesia sentada, sino una Iglesia en pie. No una Iglesia muda, sino una Iglesia que recoge el grito de la humanidad. No una Iglesia ciega, sino una Iglesia iluminada por Cristo, que lleva la luz del Evangelio a los demás. No una Iglesia estática, sino una Iglesia misionera, que camina con el Señor por las vías del mundo".
La Sinodalidad es constitutiva en la vida de la Iglesia, debe ser puesta en práctica en las parroquias, en las Iglesias particulares, conferencias episcopales, continentales y provincias eclesiásticas. Las parroquias y cada Iglesia Particular están llamadas a dinamizar la sinodalidad creando los consejos episcopales, pastorales y económicos para una mejor transparencia en su misión.
Es importante las mutuas relaciones entre la Iglesia Particular con las conferencias episcopales y continentales en comunión con el Sucesor de Pedro, estas son verdaderas escuelas de formación en la sinodalidad y hay que saber aprovecharlas.
El camino sinodal, no ha terminado se abre una puerta para continuar con la misión y la evangelización en clave de discernimiento, donde la espiritualidad de la escucha, la conversión y la sanación son pilares fundamentales para hacer una Iglesia Sinodal más misionera.
Gracias Papa Francisco por tu amor inmenso a la Iglesia, gracias por ayudarnos a recordar aquel pentecostés de los años 1962-1965 el Gran Concilio Vaticano II que dio un nuevo rumbo a la Iglesia y que se actualiza hoy para seguir caminando y construyendo la Iglesia de Comunión, Participación y Misión.
Con el sentir de todos los padres y madres sinodales pongo este camino de la Iglesia del tercer Milenio bajo el manto protector de María de Nazareth “a la Virgen María, que lleva el espléndido título de *Odighitria*, aquella que indica y guía el camino, confiamos los resultados de este Sínodo. Que Ella, Madre de la Iglesia, que en el Cenáculo ayudó a la comunidad naciente a abrirse a la novedad de Pentecostés, nos enseñe a ser un Pueblo de discípulos misioneros que caminan juntos hacia una Iglesia sinodal” (Documento Final 155).
P. Fidel Purisaca Vigil
Director
Oficina de Medios de Comunicación Social
Diócesis de Chiclayo – Perú.